HIPERPLASIA BENIGNA DE PRÓSTATA

Autores

López Arroyo, F.*
Reyes Armilla, A.*
Gallego López, J. M.*
Nouselles Pavía, A.** 

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* Prof. Asociado. Departament d’Infermeria. Universitat de València.
** Diplomada en Enfermería.
Resumen

La Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP) es una de las enfermedades más comunes que afectan a los varones de más de 60 años, presentando sintomatología aproximadamente un 40% de ellos, y en la mitad de ellos, alteración de la calidad de vida, aunque rara vez la pone en peligro, siendo las consecuencias serias (relativamente infrecuentes) retención de orina e insuficiencia renal.

Es una enfermedad progresiva. El flujo urinario va descendiendo alrededor de 0.2 ml/año, mientras que el volumen prostático aumenta 1-2 cc/año. Los síntomas pueden fluctuar, permanecer estables o incluso mejorar con el tiempo, ya que los pacientes se acomodan a esta enfermedad, restringiendo la ingesta de líquidos.
Casi una quinta parte de los pacientes con enfermedad sintomática que acuden a la consultas, suelen terminar en tratamiento quirúrgico.

PALABRAS CLAVE: Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP). Resección transuretral (RTU). Prostactectomía abierta. Sonda vesical de tres vías.

INTRODUCCIÓN

FISIOPATOLOGIA DE LA HBP

La glándula prostática se localiza en la base de la vejiga. Está irrigada por ramas de la arteria pudenda interna, rectal y arterias vesicales. Su circulación desemboca en la vena profunda del pene o en las venas ilíacas internas. El drenaje linfático se realiza en los ganglios externos o sacros.

Microscópicamente, se distinguen en ella tejido fibromuscular formado por musculatura lisa y tejido glandular, responsable de la formación del líquido prostático.

Atravesada verticalmente por la uretra proximal, consta de 3 zonas distintas: una zona central, una zona periférica y una zona de transición junto a la uretra. Es en esta última, donde usualmente se desarrolla la HBP (Figura 1).

El primer signo histológico de la HBP es la aparición de nódulos estromales en el área periuretral de la zona de transición, seguido por la hiperplasia glandular. El tamaño de los nódulos es desde algunos milímetros hasta algunos centímetros.

La HBP puede provocar una elevación moderada del PSA (antígeno prostático específico segregado por las células prostáticas epiteliales). Un valor elevado de PSA (más de 0.4 ng/ml) se da en un 25% de los pacientes con HBP, y en la mayor parte de los pacientes con cáncer de próstata.

En general, la HBP es una enfermedad progresiva. El reflujo urinario desciende alrededor de 0.2 ml/seg/año y el volumen prostático aumenta 1-2 cc al año. En la HBP, los síntomas fluctúan, pudiendo permanecer estables o incluso mejorar con el tiempo, ya que los pacientes se acomodan a su enfermedad restringiendo la ingesta de líquidos.

Al progresar la HBP, el tejido prostático normal, se ve comprimido por el tejido hiperplásico afectando a la uretra prostática situada por encima, la cual se hace menos distensible, lo que origina la progresiva obstrucción del flujo de orina, como consecuencia, los pacientes refieren un chorro de la orina entrecortado y reducido.

La obstrucción puede inducir cambios en el sistema nervioso, lo que explicaría los síntomas irritativos (LUTS) tales como frecuencia, imperiosidad y nicturia. Esta alteración en el vaciado de orina, puede llegar a producir una retención crónica de orina que podría degenerar en enuresis, o producir una retención urinaria aguda que precisara un sondaje vesical urgente.

El diagnóstico de la HBP se hace en base a:

• Anamnesis: Centrada en 3 apartados:

a/ Tramo urinario.
b/ Estado general del paciente.
c/ Condiciones en caso de posible cirugía.

• Exploración física: Tacto rectal que dará el tamaño, consistencia y límites anatómicos de la próstata (Figura 2).

• Análisis de orina: Se utiliza una tira reactiva, si el resultado es positivo, se procede al estudio microscópico del sedimento y se realiza un urinocultivo.

• Determinación de la creatinina sérica: Existencia o no de lesión renal.

• Determinación del PSA.

• Flujometría urinaria: La medida electrónica del flujo urinario, es muy útil, ya que permite identificar a los pacientes que se podrían beneficiar de la cirugía.

TRATAMIENTO QUIRÚRGICO

A pesar que recientemente se han establecido terapias alternativas para el tratamiento de la HBP con alfa-bloqueantes e inhibidores de la 5alfa-reductasa, el tratamiento estándar de la HBP sigue siendo hoy por hoy, el tratamiento quirúrgico y dentro de él la Resección Transuretral (RTU).

RTU

El 95% de las prostactectomías, se realizan mediante la Resección Transuretral de Próstata (RTU) que consiste, en introducir por la uretra un resectoscopio con un asa electroquirúrgica, mediante la cual se va cortando el tejido hiperplásico, que se elimina a través del manguito del resectoscopio, (Figura 3), ayudado por la irrigación contínua de glicina que ayuda a eliminar los restos.

Se deja colocada una sonda uretral de 3 vías con el balón hinchado en próstata para realizar hemostasia, balón que se desinflará al día siguiente reintroduciéndolo en vejiga o dejándolo in situ, con 8-10 cm solamente.

Cuidados de Enfermería en el post-operatorio

— Vigilar la hematuria y su grado, si ésta se produce vigilar su estado hemodinámico: Hidratación, tensión arterial, frecuencia cardíaca, etc., para prevenir un posible schok hipovolémico.

— Mantener la irrigación continua prescrita (que el paciente llevará colocada desde el quirófano), pudiendo ser de glicina o de suero fisiológico al 0.9%.

— Realizar lavados vesicales manuales e intermitentes (con las medidas asépticas prescritas) para eliminar los posibles coágulos que no salgan espontáneamente con la irrigación continua, lo que aliviará el dolor producido por la dificultad de expulsión (por el paciente) de los coágulos formados.

— Vigilar la aparición de espasmos, informando al urólogo de ello para instaurar la medicación pertinente.

COMPLICACIONES

— La Eyaculación Retrógrada es la más importante, por la pérdida del mecanismo del esfínter del cuello vesical, el cual no se cierra durante la eyaculación por lo que el semen pasa retrogradamente a la vejiga en lugar de la uretra.

— Sangrado durante y post-operatorio.

— Incontinencia que se manifiesta en menos de un 1% de los casos, y suele ser debida a lesión del esfinter.

— Disuria e imperiosidad durante semanas después de la intervención.

— Ocasionalmente se produce estenosis.

INCISIÓN TRANSURETRAL DE LA PRÓSTATA (ITUP)

Se utiliza solo en aquellos casos en que la obstrucción está producida por una próstata pequeña con un cuello vesical elevado y sin hiperplasia del lóbulo medio.

Se realiza mediante incisión a través del cuello vesical y es casi tan eficaz como la RTU teniendo menos complicaciones.

PROSTATECTOMIA ABIERTA

Indicada en el caso de próstatas muy grandes o en enfermos con patología asociada (cálculo vesical de gran tamaño, ...). Se realiza mediante dos accesos:

— P. Retropúbica de Millin (Figura 4). La incisión se realiza en la cápsula prostática extirpando el adenoma con el dedo.

— P. Transvesical (Suprápubica). La incisión se realiza en la vejiga, accediendo a la próstata a través de ella.

Esta técnica tiene el inconveniente que requiere estancias hospitalarias más largas que la RTU y las complicaciones son más frecuentes.

Al igual que en la RTU el cirujano deja colocada una sonda uretral durante la intervención en quirófano, pero al contrario que en aquella no se necesita lavado continuo, y el post-operatorio es igual que en cualquier otra intervención quirúrgica con anestesia general.

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